CARTA DE MIGUEL AL SEÑOR

 

Jesús, una vez yo te dije que sí…, me habías pedido una respuesta

(tú siempre pides una respuesta): si quería ser sacerdote, si quería

celebrar contigo.

  Sólo Tú sabes cuánto me costaba: yo quería una vida cómoda, yo

soñaba con todo aquello que sueñan los otros: con gloria, dinero,

bienestar, tranquilidad…y has llegado Tú ¡arruinando mis planes!

Porque cuando Tú entras en una vida  arruinas todos los cálculos,

todas las perspectivas. ¡Ya! ¡tranquilidad!, Tú me pedías todo:

¡o todo o nada!, pedías el sacrificio de mi vida por los demás,

querías que me olvidase de mi mismo para ofrecerme a los hombres,

mis hermanos.

¡Lo pensé y lo volví a pensar!, pero al final dije que sí…

Un extraño fuego devoraba mis entrañas, tu amor me quemaba

y quería pagarte con amor: ahora estaba convencido que devía ser

sacerdote.

Mi corazón no se saciaba nunca: tenía sed de Ti, una tremenda

sed de Ti.  Mi vida joven y fresca, llena de fuerza y de entusiasmo,

la ponía a tu disposición, a disposición del Amor.

Ahora soñaba con ideales muy distintos; ya no me interesaba

mi egoísmo, ya no me interesaba “mi” paz, deseaba ardientemente

tu paz, una paz que se hace con la guerra del Amor, del sacrificio,

del ofrecimiento…

   Yo sabía bien que había muchos que no entendían, es mas se reían,                                             

se burlaban… y hasta odiaban al sacerdote, lo consideraban un loco

con ganas de desperdiciar la vida, ¡ la hermosa vida ¡.

  Así es: la luz ciega a quien está acostumbrado a la oscuridad, a las sombras…

   ¡ Oh, sí ¡ estaba dispuesto a todo, ¡a todo!.

  Ahora comprendía no tener felicidad si no en Ti.  La felicidad no se vende en la farmacia o en el mercado.  ¡Cómo deseaba ser felíz!.

   Y has llegado un día…un día en el cual he aprendido a morír…

   Tú, Jesús, me has hecho una visita.  Sabías que quería ofrecerme a Ti y me has tomado.

   Sabías que estaba dispuesto a todo, un todo que, sin embargo, no coincidía con mi proyecto…

Yo quería correr, apresurarme, hacer, pero Tú has frenado mis piernas; yo quería bendecír, consagrar el pan y el vino, pero Tú has clavado mis manos; yo quería sacudír a la gente con mi palabra, transmitír tu vida a los hombres, a las mujeres, a los niños, pero Tú has reducido mi existencia al silencio…

   Exactamente así, Señor.

  ¡Qué iluso era!.  Para mí lo importante era hacer, no lograba comprender que debía limitarme únicamente a hacer tu voluntad si quiero tener éxito, incluso si me pides…ser paralítico…

   ¿Qué quieres, Señor?, estoy sumergido, como todos, en este mundo mecánico y triste donde sólo importa producír.

   Señor, te pido por el mundo, por esos, ¡pobrecillos!, que cambian el amor por la pornografía, mientras Tú eres escupido en la cara; te pido por cuantos buscan la felicidad en el vicio, en las borracheras, en la droga, mientras Tú bebes el cáliz más amargo de hiel y de vinagre; te pido por aquellos que desean llegar a la paz con la revolución, la amenaza, el asesinato, la destrucción; te pido por aquellos que dicen defender la vida matando a los niños, a los ancianos, a los enfermos…

   ¡He aquí, Dios mío, he aquí mi vida!, la pongo enteramente sobre el altar del sacrificio.

   Estoy dispuesto a sufrír mi Getsemaní contigo.  Estoy dispuesto a guardar silencio contigo en la Cruz.  Estoy dispuesto a beber, hasta la última gota, la amargura de este cáliz que me ofreces en tu Amor y en tu Bondad.

   Estoy dispuesto a apagarme por Ti en esta agonía terrible…

   Un día te dije que sí…, que habría de amarte hasta el fondo, y ahora, incluso en este martirio, no me arrepiento de amarte así, quiero ser fiel a mi promesa.

   Sé que no puedo darte otra cosa que este pobre lecho que no me dá nunca un respiro, pero estoy contento porque es Tú Voluntad.

   A veces me siento morír…, a veces creo enloquecer, ¡tan grande es el dolor!…; sin embargo, yo te amo y repito, cien veces, aquél “sí”, un “sí” que me hace mucho daño.  Jesús, Tú bien lo sabes…, también a tu Madre la ha hecho sufrír terriblemente el “sí” que dio al Angel.  También a Ella le “arruinaste” sus planes…, había decidido permanecer virgen, y llegas Tú con propuestas que desbarataban su vida.

   Pero después…¡cómo la has recompensado!, no sólo no arruinaste su virginidad, sino que la sublimaste junto a la maternidad.

   ¡Qué bueno eres, Señor!.  Yo, por mi parte, no tengo nada que perder: cuando tengo lo tengo porque Tú me lo has regalado.

   Sólo tengo motivos para darte siempre gracias.

   Jesús, mis angustias, mi martirio, mi pobreza, todo te ofrezco por los jóvenes que te buscan a Ti, por los jóvenes que quieren ser sacerdotes, por los jóvenes que tienen un ideal noble y santo, por los jóvenes víctimas de este mundo egoísta y superficial.

   Señor, te ofrezco mi fé por todos los muchachos y muchachas que no saben confiar en Ti, que te ignoran, que tienen miedo de amarte.

   Te pido, Señor, por todos los jóvenes que tienen sed del verdadero Amor, y sufren porque, tal vez, no logran descubrirlo.

   Señor, te pido por todos aquellos que tienen un corazón generoso pero transpasado por alguna espina…, por todos aquellos que se empeñan en amar siempre, no los abandones, son tus amigos.

   Te pido por todos los muchachos y muchachas que sientan la necesidad de Ti, como yo: Señor dales a todos la misma certeza que me das a mí sabiendo que Tú me amas.

   Jesús, yo te siento cercano, siento que estás conmigo momento tras momento, siento que cuidas de mí.

   Te doy gracias, Dios mío, por todo aquello que me das, acepto todo cuanto venga de Ti, porque sé que sólo aceptando Tu Voluntad puedo ser felíz, sólo Tú Voluntad, alegría o llanto, dá un sentido a mi vida.

   Señor, perdóname, porque muchas veces comienzo a razonar y me alejo de Ti.  Tú tienes necesidad de ser amado, no razonado.

   Señor, si en este calvario comienzo a razonar, no te amaré nunca.

   Jesús, una vez te dije que sí, y ahora, en medio de estos tormentos, no me arrepiento de amarte de esta forma.

   Señor, un día Tú convertirás a este pobre gusano en una mariposa hemosísima…

   ¡Oh Dios! éste es mi “AMEN”, mi ESPERANZA.

                        

                                                                      MIGUEL

  

 

 

 

 

 

 

 

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